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Entrevista a Julio Gómez, co-director de Festival SINSAL

Sinsal Son Estrella Galicia nació en el 2011 conformándose como uno de los festivales más especiales de Europa. Encontramos su sede en la isla de San Simón, Redondela (Ría de Vigo), que ha sido utilizada a lo largo de toda su historia como monasterio, lazareto, campo de concentración en la Guerra Civil y residencia militar. Hoy, se ha transformado en un espacio público para el desarrollo cultural de Galicia. Sinsal Son Estrella Galicia es un festival diurno –termina a las 21.00 horas–, con capacidad limitada a 800 personas por día y el público sólo puede acceder en los barcos de la organización. Proponemos un cartel secreto para los 3 días y la programación se compone de artistas que giran por festivales prestigiosos de Europa, en géneros diversos como Jazz, World Music, Rock, o Música Electrónica; somos un festival sin complejos. Madrugar, tomar un barco, viajar a una isla en uno de los parajes más hermosos de España, disfrutar relajado los conciertos y compartir con los artistas el mejor ambiente son experiencias únicas. Sinsal Son es el “no-festival”.

En la pasada edición de Premios Fest fuisteis galardonados con el premio a Mejor Festival de pequeño formato ¿Qué significó para vosotros?

Detrás del Festival Sinsal Son Estrella Galicia en San Simón hay una idea muy diferente al resto de festivales. Este reconocimiento ha sido un aliciente para continuar en esta línea que, en más de una ocasión, te planteas si es la correcta. Hacer un festival así requiere mucho cariño e ilusión porque su repercusión es muy pequeña y, sin embargo, el esfuerzo demasiado grande. Un premio es la mejor recompensa para sacudirse las dudas y recargar la moral. Suena a tópico, pero los tópicos existen.

 ¿Cómo se plantea la campaña de comunicación en un festival tan especial como SINSAL en el que el cartel se mantiene en secreto hasta su celebración?

Al principio, nos costó entender que un evento así, con cartel secreto pero con tantas ideas por compartir, no generase más empatía entre los medios de comunicación especializados. Entonces, comprendimos que debíamos explotar mucho más aquello que nos hacia diferentes, estableciendo un juego alrededor de esa idea misteriosa y secreta del festival: una isla, un barco, agua, el tesoro, etc. Cada año, cuidamos mucho el diseño gráfico, con el que ya iniciamos las primeros acciones. También, jugamos a las pistas sobre los posibles artistas que van a tocar. Y, por supuesto, incidimos en la experiencia y el territorio, la Ensenada de San Simón, porque no hay un festival igual en España y –casi seguro– en Europa. Además, realizamos las sesiones anecoicas en la Facultad de Enxeñería de Telecomunicacións de la Universidade de Vigo, donde invitamos a tocar a grupos gallegos en una cámara semianecoica en la que el silencio te “ahoga”. En definitiva, no se trata de hacer ruido con un cabeza de cartel, sino repetir muchas veces esas “burbujas de ruido” que tienes a tu alcance.  

Otra de las diferencias de SINSAL respecto a otros festivales es su horario, con conciertos que terminan a las nueve de la noche. ¿Por qué apostasteis por una propuesta diurna en un ámbito como el de los festivales de música?

El territorio define los horarios. Si quieres disfrutar de un espacio natural como la Ensenada de San Simón y la Ría de Vigo, la luz del verano es la mejor aliada.

También, creo que parte de esta estrategia las hemos recogido del Sónar. Desde finales de los noventa fuimos seguidores del Sonar día. Cuando empiezas a escuchar música a las doce de la mañana, a las diez de la noche lo que realmente te apetece es cenar con los amigos.

La ubicación y el acceso al recinto en la isla de San Simón es otro de los puntales que diferencian a SINSAL. ¿Qué medidas tomáis para proteger el entorno y cuál es vuestro compromiso con el medio ambiente?

Desde la primera edición del festival en la isla hemos implementado políticas en este sentido. Las primeras fueron limitar las zonas para fumadores a los tres escenarios y el área de restauración –en el resto de la isla no se puede fumar– , el vaso “único” y el cenicero portátil. Tampoco tenemos baños químicos. Además, poco a poco, hemos ido eliminando el plástico para trabajar con cristal y reciclar en el origen con envases retornables. Este año, hemos dado un paso definitivo y, gracias a la experiencia de ediciones anteriores, hemos reciclado el 60% de la basura generada. Nuestro objetivo es llegar al 100% el año que viene. Para terminar, un día después del desmontaje, recorremos la isla recogiendo restos de colillas, bridas y pajitas. Éstas últimas, ya te anuncio que las prohibiremos el año que viene. Se me olvidaba, nuestra moneda es biodegradable a partir de la tercera semana.

En la mayoría de festivales el cartel es el principal gancho para el público. Como hemos dicho, los nombres de los artistas que actúan en SINSAL no se comunican previamente ¿Cómo es el público de SINSAL y qué es lo que busca?

Es público con cierta inquietud por proyectos culturales especiales como este y, debido al horario diurno, muy diverso: de madres y padres con sus hijos a personas de más de cincuenta años que les gusta la música, pero no soportan los agobios de los grandes festivales. La mayoría se mueve entre los 25 y los 40. Presumimos de que el público es lo mejor del festival: por su compromiso e interés por el entorno; su respeto hacia los trabajadores y los artistas; etc. Todo el mundo destaca la convivencia durante el Festival y ese es el mejor mensaje.

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¿Cuál es vuestro nivel de compromiso con las bandas emergentes nacionales?

Llevamos 14 años como Festival Sinsal y tenemos dos compromisos: no repetir artistas y darle la oportunidad a los que nunca han tocado en Galicia. Hasta ahora, estas dos reglas las hemos cumplido casi siempre, aunque con los grupos gallegos hacemos la excepción –malo sería que no tocaran en su tierra–. Con los grupos del resto de España también seguimos esta norma. Queremos dar esta oportunidad a otros artistas. Este año nos ha hecho especial ilusión contar con Joan Miquel Oliver o Extraperlo; y el año pasado a Maika Makovski con un hermoso piano de cola; y anteriormente Le Parody, Blam de Lam, Oso Leone, etc.

¿Qué concierto destacaríais de vuestra última edición?

Ala.ni es una estrella en el escenario; cinco minutos y ya quedas embobado. Y si nos pasarnos al lado más tribal, Sons Of Kemet han hecho un concierto de jazz con afrobeat sin aliento. Para ser justos, ha sido la mejor edición de todas.

¿Alguna anécdota o momento irrepetible que haya sucedido en el festival, con el público o los artistas que podáis contarnos?

Pues por no irme demasiado lejos, el concierto de Juana Molina este año, el sábado 23. Coincidió a cien metros, pero en el mar, con la procesión del Carmen –patrona de los marineros–, que salen con sus barcos tocando las sirenas. “Hasta iban en tono”, era el comentario general. Son momentos especiales.

¿Cómo veis la situación de los festivales en España ahora mismo comparado con otros países?

Quedan cosas por mejorar, tanto en los contenidos –festivales demasiado clónicos en muchos casos– como en políticas de gestión cultural. Cada vez más, nos cuestionamos si estamos haciendo bien nuestro trabajo en relación a temas tan importantes como la sustentabilidad, la integración de la mujer, los públicos sensibles, la profesionalización, la diversidad, etc. Esto es positivo, demuestra preocupación e interés por hacer bien las cosas como en otros países. Creo que organizadores y público deberíamos marcarnos estos objetivos y no darle tanta importancia al cabeza de cartel.

¿Qué creéis que aporta una iniciativa como Premios Fest al sector de la música? 

Es un primer paso importante y necesario. Reconocer este trabajo, que ya están desarrollando algunos festivales, es una iniciativa positiva para divulgar modelos de referencia. Además, si hablamos de “industrias culturales” –o de profesionalización, que es lo mismo–, valorar estos eventos es una forma de fortalecer una actividad, que genera un gran retorno económico y, también, una forma de exigirnos un compromiso social con los artistas, los trabajadores y el público.

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